Cuando el paisaje se vuelve aprendizaje
Escribí esto hace muchos años, aún estaba en la carrera. En una clase de arte contemporáneo nos mostraron a este fotógrafo como ejemplo de lo que se estaba haciendo. A mí me encantó, por paisajista y fotógrafo, que además hacía una denuncia sobre el cambio climático, así que en mi trabajo final decidí investigarlo.
Me topé con sus redes sociales y al mandar mensaje es él quien respondía a mis inquietudes, sin intermediarios. Me animé y decidí solicitarle una entrevista, estábamos en distintos estados así que tenía que ser en línea; en ese momento estaba muy nerviosa y bastante inexperta en hacer entrevistas en línea (2017, aún no estaba tan dominado ese tema como ahora); sin embargo, Estéfano fue muy amable, comprensivo y atento en todo momento.
Esta investigación la oculté por muchos años porque me avergonzaba el resultado; la crítica de mi maestra al revisarla fue dura y pensé que era malo, de hecho, nunca se lo compartí a Estéfano, quien en su momento me lo solicitó. Hace unos días, buscando un correo con otro tema, me encontré con el archivo que le había enviado a mi maestra, lo releí y me pareció no tan malo; claro, con varias cosas por pulir, pero digno de mostrarse aunque sea parcialmente en este blog, después de todo, sigo siendo una fiel seguidora de Alfredo De Stéfano.
En entrevista
Lo primero que me contó fue cómo llegó a la fotografía. Su formación inicial fue en comunicación y mercadotecnia, trabajó en producción audiovisual, moda y publicidad, pero el arte siempre estaba en el centro de sus intereses. “Del arte no podía comer” y por eso el camino fue paulatino.
Su primera exposición llegó en 2002, cuando aún se mantenía de otros proyectos. Durante un tiempo probó con el retrato y distintos temas, pero no encontraba lo que buscaba, entonces miró hacia el desierto, un espacio que siempre le había sido cercano (nació en Coahuila), y allí encontró la esencia de su propuesta.
Me habló de sus primeras etapas en blanco y negro, inspiradas en la pintura abstracta americana, incluso intervenía físicamente sus impresiones: las rayaba, las quemaba, les clavaba objetos; poco a poco fue entendiendo que el color y la luz del desierto eran su verdadero lenguaje.
Su estética se caracteriza por la línea del horizonte casi siempre al centro, un encuadre directo, que no permite escapar de la escena. Las figuras humanas que aparecen en sus fotos son siluetas sin rostro, símbolos que representan a cualquiera.
De Stéfano define su trabajo como una forma de land art, pero con una diferencia clara:
“…yo no lo dejo ahí a ver quién lo encuentra.”
Cada intervención está pensada para la fotografía. Analiza la luz, espera el momento preciso, registra el instante, y lo que queda es memoria.
Entre sus intervenciones más conocidas están los bloques de hielo derritiéndose bajo el sol, los espejos que multiplican la luz y las telas que parecen perderse en el horizonte. Todas son acciones efímeras, pero que al ser fotografiadas se convierten en permanentes.
Aunque su obra suele asociarse con el cambio climático, él mismo matizó en nuestra conversación: no siempre se trata de un mensaje directo sobre la ecología, sino de algo más amplio, la relación entre la vida y la muerte, lo que permanece y lo que se pierde. Para cada serie investiga el lugar: su historia, su geología, su cultura, nada queda al azar.
“La fotografía de paisaje puede ser una reflexión sobre la memoria, sobre lo que hemos perdido y lo que estamos a punto de perder.”
El camino del artista
Me habló también de lo difícil que fue abrirse espacio en el medio artístico. La fotografía suele ser vista con prejuicios en comparación con otras disciplinas; sin embargo, supo aprovechar sus conocimientos de comunicación y mercadotecnia para difundir su trabajo y representar él mismo su obra en ferias, festivales y con curadores.
En esa parte de la charla dejó una idea que aún resuena: el artista hoy debe ser capaz de hablar de su obra, de gestionarse y abrirse camino. Ya no hay mecenas que resuelvan todo; es el propio creador quien debe aprender a moverse, a comunicar y a sostener su propuesta.
“Yo siempre he dicho, es necesario que en las escuelas de arte den clases de mercadotecnia y comunicación, hasta redacción …”
También reflexionó sobre la fotografía en tiempos de saturación visual: “No se puede inventar el hilo negro”, dijo, pero sí se puede reinventar. Lo importante es dar una mirada propia, una propuesta que realmente aporte.
Una memoria reencontrada
Al releer este trabajo después de tantos años entendí que no era un fracaso, como lo sentí entonces. Era un primer intento, con nervios e inexperiencia, pero con la fortuna de haber conversado con un artista que habla desde lo profundo.
Lo comparto hoy porque creo que Alfredo De Stéfano es un fotógrafo que vale la pena seguir leyendo y mirando. Su obra nos recuerda que incluso en el desierto, donde algunos ven vacío, hay vida y poesía. Y porque, para mí, esta entrevista es también un recordatorio de que en lo imperfecto puede haber algo que merezca permanecer.
«mi obra favorita es la siguiente que haré»

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